Una
vez quemada y limpia,
la mayor parte de la mercancía
del taller de la familia Hernández-Galán está lista
para el mercado. Negra y brillante,
se venderá fácilmente.
A menudo, los artesanos no tienen
la oportunidad de presentar su obra
personalmente. A pesar de
la historia de los mercados indígenas
de la región, los bancos de
México todavía no
aceptan los talleres tradicionales
como comercios profesionales. La
mayoría de los productores
de Oaxaca, incluso los alfareros,
deben vender su mercancía
a un intermediario. En San
Bartolo Coyotepec, la tienda de Doña
Rosa compra casi toda la alfarería
del pueblo, por todo lo anterior,
un taller familiar como el de los Hernández-Galán
no puede progresar económicamente. |